Bryan Singer es un hombre de extremos: Su nombre figura entre el quinteto que consagró a los superhéroes como un género viable y popular en el cine—acompañado de Richard Donner, Tim Burton, Sam Raimi y Chris Nolan—pero también es recordado como el único director capaz de devastar dos franquicias con una sola decisión: Dejar la tercera parte de su trilogía X-Men en manos ajenas para dirigir
Superman Returns.
Con semejantes antecedentes, las expectativas sobre X
-Men: First Class eran considerablemente bajas, a pesar del retorno de Bryan Singer a la franquicia en el rol de productor. Entre rumores de problemas en la filmación y cuestionamientos sobre sus desviaciones del canon, el
film prometía no ser más que una movida de Twentieth Century Fox para impedir que los derechos cinematográficos sobre los mutantes revirtieran a Marvel, reflejando las decisiones impetuosas de Sony sobre la franquicia de Spider-Man. Le desfavorecía también ser precedida por
X-Men Origins: Wolverine, que si bien gozó de la impecable interpretación de Hugh Jackman padeció de un defecto irremediable: El origen de Logan nunca debió contarse de forma lineal.
Frente a estos desafíos Matthew Vaughn, Ashley Miller, Zack Stentz y Jane Goldman nos han sorprendido con lo que muy bien puede ser la mejor película de los X-Men a la fecha, o si no por lo menos a la altura de la tan admirada
X-Men 2, aunque con un tono muy distinto. Además, ha superado al previo lanzamiento de Marvel de este año,
Thor.